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Ideología, subjetividad y fricción en “Après moi, le déluge” de Lluïsa Cunillé

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Ideología, subjetividad y fricción en “Après moi, le déluge” de Lluïsa Cunillé

La obra Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé (2008) presenta un espacio dramatúrgico aparentemente íntimo —el encuentro entre un hombre de negocios occidental y una intérprete en una habitación de hotel en Kinshasa (Zaire)— que deja de ser un ámbito privado para convertirse en un espacio donde se reproducen relaciones de poder, discursos ideológicos y formas de subjetividad. La obra no plantea un conflicto tradicional: no hay revolución ni enfrentamiento directo, ni un final que rompa el orden existente.…
La obra Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé (2008) presenta un espacio dramatúrgico aparentemente íntimo —el encuentro entre…

La obra Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé (2008) presenta un espacio dramatúrgico aparentemente íntimo —el encuentro entre un hombre de negocios occidental y una intérprete en una habitación de hotel en Kinshasa (Zaire)— que deja de ser un ámbito privado para convertirse en un espacio donde se reproducen relaciones de poder, discursos ideológicos y formas de subjetividad. La obra no plantea un conflicto tradicional: no hay revolución ni enfrentamiento directo, ni un final que rompa el orden existente. En su lugar, Cunillé construye una tensión entre sujeción y subversión que no estalla, sino que se manifiesta a través de desplazamientos mínimos, silencios incómodos y contradicciones en el discurso. La subversión no aparece como una ruptura visible, sino como una fricción interna que desestabiliza las posiciones de poder y el lenguaje, haciendo que el mundo representado deje de parecer natural o incuestionable.

El propio título de la obra funciona como una clave fundamental de lectura. Après moi, le déluge (Después de mí, el diluvio), atribuida a Luis XV, expresa la lógica de un poder que se desentiende del futuro una vez asegurado su beneficio y señala la descomposición de un orden social irresponsable (Mellinas, 2016, p. 95). Cunillé recontextualiza esta expresión al vincularla a Mobutu, presidente del Zaire, situando la acción en un contexto de dictadura postcolonial sostenida por intereses occidentales y por un extractivismo sistemático de recursos y de vidas. De este modo, el “después de mí” no remite solo a un individuo, sino a una lógica histórica que consume territorios y cuerpos sin asumir responsabilidad por sus consecuencias.

Desde el marco de Althusser (2008), la ideología no aparece aquí como un conjunto de ideas abstractas, sino como una práctica material que organiza las relaciones entre los personajes. El hombre de negocios encarna una subjetividad plenamente interpelada por el capitalismo global: habla en términos de eficiencia, control y negocio, y naturaliza la violencia económica y colonial. Aunque la obra aborda explícitamente el extractivismo europeo en África —especialmente a través del coltán—, los personajes centrales son europeos, lo que permite mostrar cómo la ideología opera desde las posiciones que tienen voz, movilidad y capacidad de decisión.

La intérprete actúa como dispositivo de mediación entre un empresario europeo que busca coltán y un anciano congoleño que ofrece a su hijo —personaje siempre invisible en escena— para que se lo lleve del país. Esta acción solo puede llegar al hombre a través de la mediación lingüística y simbólica de ella. Lejos de restituir la voz del sujeto subalterno, la traducción la hace inteligible dentro de los códigos del poder occidental: el drama del padre aparece como oferta o intercambio, lo que evidencia su condición de sujeción, ya que no puede hablar desde una posición discursiva propia, sino únicamente negociar dentro del sistema que lo domina. Esta lógica queda condensada en uno de los diálogos de la obra:

INTÈRPRETLi he ofert al meu fill.
HOME Però ja veu que no n’hi ha prou.
INTÈRPRET N’hi hauria d’haver prou.
HOME Té raó, però així son les coses. (Cunillé, 2008, p.498)

Este “así son las cosas” expresa con claridad la naturalización ideológica del orden mundial: la desigualdad, la explotación y la falta de reconocimiento aparecen como propias del funcionamiento del sistema. El gesto del padre no cuestiona ese orden desde fuera, sino que intenta operar dentro de él, lo que confirma su sujeción. Sin embargo, en ese mismo movimiento se produce una grieta decisiva: la voz del padre, mediada por la intérprete, genera una necesidad en el hombre y hace que el hijo — que se descubre que está muerto— adquiera una identidad simbólica. Durante un instante deja de ser invisible: es reconocido y echado de menos. No hay justicia ni reparación, pero sí una fisura en la indiferencia estructural que sostiene el sistema.

La figura de la intérprete ocupa en este proceso una posición profundamente ambigua. Como señala Mellinas, es una mujer europea deliberadamente amnésica, que encarna la actitud de quienes viajan a África sin implicarse con el territorio ni con las vidas que lo habitan (2016, p. 96). Esta amnesia es estructural: confinada al hotel y protegida por los signos del consumo global, su relación con Kinshasa queda reducida a un espacio funcional y despolitizado, condición necesaria para sostener su papel mediador.

Además, al inicio de la obra la intérprete traduce la voz del padre en tercera persona, manteniendo una distancia que refuerza la imposibilidad del sujeto subalterno de hablar en nombre propio. En un momento del relato, sin embargo, la traducción pasa a realizarse en primera persona, tal como observa Mellinas (2016, p. 98). Este desplazamiento no devuelve la voz al padre ni constituye un acto de empoderamiento, sino que produce un efecto inquietante: el cuerpo de la intérprete queda apropiado por el propio relato, convirtiéndose en un cuerpo mediador sin agencia propia, atravesado por una historia que no le pertenece.

Este atrapamiento se ve reforzado por su condición de mujer dentro de un sistema capitalista y patriarcal que la reduce a una función instrumental. Su margen de acción se limita a prácticas mínimas —silencios, reserva o aplazamientos como el recurrente “potser després”— que no constituyen una subversión explícita, pero sí introducen una fricción persistente que interrumpe la fluidez del sistema y muestra que, incluso allí donde la sujeción parece total, el poder nunca logra cerrarse del todo.

En este punto resulta especialmente relevante la reflexión que formula Spivak sobre si es posible pensar una práctica política verdaderamente subalterna sin obligarla a ajustarse a las formas de resistencia ideológicas que Occidente considera legítimas, incluso cuando estas resultan inaceptables desde nuestros marcos éticos (Spivak, 2020). En Après moi, le déluge, la acción del padre puede leerse como una práctica política subalterna no reconocible: se apropia del lenguaje y de las prácticas del mundo globalizado —el intercambio, la utilidad, el valor— para desequilibrarlo desde dentro. El ofrecimiento del hijo parece inicialmente integrado en la lógica del sistema, pero al revelarse que murió a los tres años, la acción se resignifica en la creación de una necesidad simbólica que otorga identidad a una vida condenada a la desaparición.

Siguiendo a Butler (2010), esta fricción solo puede emerger porque ninguno de los personajes está fuera del sistema: los tres están inmersos en la ideología que los constituye. La interpelación ideológica nunca logra fijar plenamente al sujeto y deja siempre un margen de desajuste entre lo que el sistema nombra y aquello que se le escapa. Es en ese espacio incompleto donde se abre una potencialidad, no como ruptura, sino como posibilidad de cuestionamiento.

Desde mi lectura, la potencia política de Après moi, le déluge no reside en la promesa de una transformación ni en la afirmación de una voz plenamente reconocida, sino en detalles que incomodan y desajustan el orden existente. El gesto del padre no cambia el sistema, pero lo obliga a detenerse y a reconocer, aunque sea por un instante, aquello que normalmente ignora. Es en esta práctica subalterna no reconocible, frágil y éticamente incómoda donde la obra sitúa su fuerza: no en ofrecer respuestas, sino en hacer visible lo que el sistema necesita mantener fuera de campo para seguir funcionando.

Althusser, Louis. Ideología y aparatos ideológicos del Estado. A: Althusser, Louis. La filosofía como arma de la revolución. Madrid: Siglo XXI, 2008. pp. 102-151.

Butller, Judith. Introducción. A: Butller, Judith. Mecanismos psíquicos del poder. Madrid: Cátedra, 2010. pp. 11-41.

Butler, Judith. La conciencia nos hace a todos sujetos. La sujeción en Althusser. A: Butler, Judith. Mecanismos psíquicos del poder. Madrid: Cátedra, 2010. pp. 119-145.

Cunillé, Lluïsa. Après moi, le déluge. En Deu peces. Edicions 62, 2088, pp. 452–507.

Mellinas, Héctor. Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé: Política i sostracció. Els Marges: Revista de llengua i literatura, (108), 2016, pp.91–105.

Spivak, Gayatri Chakravorty. ¿Puede hablar la subalterna? Asparkía. Investigació feminista, (13), 2003, pp. 207–214.

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